Tipos de liderazgo: los 8 estilos y cuándo usar cada uno

Tipos de liderazgo: los 8 estilos y cuándo usar cada uno

Los tipos de liderazgo —también llamados estilos de liderazgo— son las formas reconocidas de ejercer influencia sobre un grupo. Hay ocho que aparecen en prácticamente toda la literatura seria del tema, y cada uno produce un efecto distinto en las personas que lo reciben.

Antes de recorrerlos, una advertencia que cambia cómo se lee el resto de este artículo.

La mayoría de los contenidos sobre estilos de liderazgo terminan en un test: descubre cuál eres. Y ahí está el error. Un estilo de liderazgo no es una identidad: es una elección. Un líder competente no es democrático ni es directivo. Tiene varios estilos disponibles y elige cuál usar según la situación que tiene enfrente, la madurez del equipo y lo que está en juego.

El líder que solo tiene un estilo no tiene un estilo. Tiene un límite.

ESTILOS SE ELIGEN — un estilo de liderazgo no es una identidad, es una elección

Los 8 tipos de liderazgo

Los ocho estilos de liderazgo, del autocrático al coach, con el punto ciego de cada uno

1. Liderazgo autocrático o directivo

El líder decide y comunica la decisión. No consulta, no somete a debate. La información fluye en una dirección.

Qué produce: velocidad y claridad. También dependencia, resentimiento silencioso y equipos que dejan de pensar.

Cuándo sirve: en una crisis real, cuando hay que decidir en minutos, o con personas que aún no tienen la competencia para decidir bien. En una emergencia nadie quiere una reunión participativa.

Cuándo destruye: usado como estilo por defecto con gente capaz. Es la forma más rápida de perder a los mejores.

2. Liderazgo democrático o participativo

El líder involucra al equipo en la decisión. Consulta, escucha, y decide con esa información —o delega la decisión al grupo.

Qué produce: compromiso. Una persona defiende lo que ayudó a construir. También produce lentitud, y cuando el líder consulta pero ya tenía la decisión tomada, produce cinismo.

Cuándo sirve: cuando el equipo tiene el conocimiento, cuando la ejecución depende de que estén convencidos, y cuando hay tiempo.

Cuándo destruye: en una urgencia, o cuando se usa para diluir la responsabilidad de una decisión impopular.

3. Liderazgo laissez-faire o delegativo

El líder fija el objetivo y se aparta. El equipo se organiza solo.

Qué produce: autonomía y desarrollo acelerado con gente experta. Con gente que no lo está, produce caos —y una sensación de abandono que la mayoría de los equipos no nombra pero sí sufre.

Cuándo sirve: con especialistas que saben más que el líder sobre su propio trabajo.

Cuándo destruye: cuando es abdicación disfrazada de confianza. Delegar no es desaparecer: sigue habiendo seguimiento y sigue habiendo cuentas.

4. Liderazgo transformacional

El líder moviliza a través de una visión y del desarrollo de las personas. Apela al sentido, no solo al incentivo.

Es el estilo más estudiado desde que Bernard Bass lo formuló en los ochenta, y descansa en cuatro comportamientos: articular una visión que valga la pena, estimular intelectualmente al equipo, atender a cada persona de forma individual y ser un ejemplo coherente de lo que se pide.

Qué produce: compromiso profundo y crecimiento. Es el estilo que más se asocia a desempeño superior sostenido.

Cuándo sirve: en procesos de cambio, en equipos que necesitan reencontrar el sentido de lo que hacen, en organizaciones que crecen.

Cuándo destruye: cuando hay visión y no hay ejecución. Un líder transformacional sin disciplina operativa inspira a un equipo que no entrega.

5. Liderazgo transaccional

El opuesto complementario del anterior. Funciona por intercambio: objetivos claros, seguimiento y consecuencias —reconocimiento cuando se cumple, corrección cuando no.

Qué produce: consistencia y previsibilidad. También un techo: la gente hace lo que se le pide y nada más.

Cuándo sirve: en operaciones donde el estándar importa más que la innovación, y como piso sobre el que apoyar cualquier otro estilo. Sin claridad de expectativas, ningún estilo funciona.

Cuándo destruye: cuando es lo único. Un equipo que solo responde a incentivos deja de responder cuando el incentivo desaparece.

6. Liderazgo situacional

Más que un estilo, es un principio de elección: el estilo correcto depende de la madurez del colaborador para esa tarea concreta.

Paul Hersey y Ken Blanchard lo formularon con una lógica simple. Alguien nuevo en una tarea necesita dirección explícita. A medida que gana competencia pero aún duda, necesita apoyo y persuasión. Cuando ya es competente pero inseguro, necesita respaldo, no instrucciones. Y cuando domina la tarea, necesita que lo dejen trabajar.

El detalle que casi todos pasan por alto: la madurez es por tarea, no por persona. El mismo colaborador puede ser experto en su especialidad y principiante absoluto conduciendo su primera reunión con un cliente. Tratarlo igual en ambos casos es el error.

7. Liderazgo servidor

El líder se define por lo que quita del camino, no por lo que ordena. Su pregunta operativa es qué necesita su equipo para hacer bien el trabajo.

Qué produce: confianza y lealtad altas, y equipos que se hacen cargo. Robert Greenleaf, que acuñó el término en los setenta, lo planteaba como una inversión de la pregunta habitual: no qué puede hacer el equipo por el líder, sino al revés.

Cuándo destruye: cuando servir se confunde con complacer, y el líder deja de sostener el estándar por no incomodar a nadie.

8. Liderazgo coach

El líder desarrolla a su gente conversando: pregunta en lugar de dar la respuesta, aunque la respuesta le parezca obvia. Su medida de éxito no es resolver el problema, sino que la persona salga capaz de resolver el siguiente.

Es el estilo más lento en el corto plazo y el que más capacidad instala en el largo. Lo desarrollo en detalle en el coaching como estilo de liderazgo, incluido cuándo no conviene usarlo.

Cómo elegir el estilo: la pregunta correcta

Las tres variables que deciden el estilo: cuánto tiempo hay, qué competencia hay y qué pide el resultado

Con los ocho sobre la mesa, la pregunta útil no es cuál eres. Es cuál usar ahora.

Tres variables deciden, y se evalúan en este orden:

1. ¿Cuánto tiempo hay? Si la respuesta es «ninguno», el estilo es directivo y no hay más discusión. La participación necesita tiempo; en una crisis, pedirla es abdicar.

2. ¿Qué competencia tiene esta persona en esta tarea? No en su trabajo en general: en esta tarea. Poca competencia pide dirección; mucha competencia pide espacio.

3. ¿Qué necesita el resultado: que cumplan o que se comprometan? Cumplir se consigue con instrucciones claras. Comprometerse solo se consigue si la persona participó en construir el camino.

SituaciónEstilo
Crisis, decisión en minutosAutocrático
Tarea nueva, persona sin experienciaDirectivo / situacional S1
Equipo experto, decisión que deben ejecutar convencidosDemocrático
Especialistas autónomos con objetivo claroDelegativo
Cambio organizacional, pérdida de sentidoTransformacional
Operación con estándar críticoTransaccional
Persona con potencial que necesita crecerCoach
Equipo bloqueado por obstáculos externosServidor

Ningún líder domina los ocho. Casi todos tienen dos cómodos y el resto sin practicar —y los dos cómodos suelen ser los que más se parecen a su carácter, no los que la situación pide.

Daniel Goleman llegó a la misma conclusión estudiando a miles de ejecutivos y la formuló en Liderazgo: el poder de la inteligencia emocional: los líderes con mejor desempeño no son los que dominan un estilo, sino los que manejan cuatro o más y cambian entre ellos con fluidez, según lo que el momento pide. La flexibilidad no es un rasgo de personalidad amable. Es la variable de desempeño.

El error de fondo: confundir estilo con carácter

Comparativa: descubre cuál eres frente a elige cuál usar en los tipos de liderazgo

Aquí está el reencuadre que sostiene todo el artículo.

Tu carácter explica hacia qué estilo te inclinas por defecto, sobre todo bajo presión. Alguien orientado a resultados tiende a lo directivo cuando el reloj aprieta; alguien orientado a las personas tiende a lo participativo aunque no haya tiempo. Eso es información útil.

Lo que no es, es un destino. Un instrumento de comportamiento te dice de dónde partes, no hasta dónde llegas: propone, no dictamina. Un directivo naturalmente directivo puede aprender a conducir una conversación participativa —le costará más, tendrá que prepararla, y la primera vez le saldrá rígida. La segunda menos.

Lo que he visto en la sala

En procesos con directivos me he encontrado muchas veces con lo mismo, y sigue sorprendiéndome por lo extendido que está.

Son líderes que no sabían que existen ocho estilos de liderazgo distintos —el número es el que propone el modelo Everything DiSC, y está desarrollado en 8 Dimensions of Leadership, de Jeffrey Sugerman, Mark Scullard y Emma Wilhelm—. Ocho formas legítimas de conducir a un equipo, cada una con su fortaleza y su punto ciego.

No lo sabían. Y como no lo sabían, ocurría algo predecible: daban por hecho que su propia forma de proceder era la forma correcta. Todo lo que se pareciera a cómo ellos harían las cosas estaba bien; todo lo que no se pareciera estaba mal. No como una opinión declarada, sino como un supuesto de fondo que nunca habían tenido razón para examinar.

Piensa en lo que eso produce hacia abajo. Un colaborador que trabaja distinto no es alguien con otro estilo: es alguien que lo está haciendo mal. Un candidato que no encaja con la forma del jefe no es diferente: es flojo, es lento, es desordenado. Y el equipo entero termina compuesto por gente que se parece al líder —lo cual se siente cómodo y elimina de un plumazo la mitad de las capacidades que ese equipo necesitaba tener.

El descubrimiento es grande, y casi siempre llega igual: no cuando el líder aprende cuál es su estilo, sino cuando entiende que el suyo es uno de ocho. Ahí cambia la pregunta. Deja de ser «¿por qué esta persona no hace las cosas como se deben hacer?» y pasa a ser «¿desde qué estilo está operando, y qué necesita de mí?».

Un instrumento serio no reparte etiquetas: pone sobre la mesa que hay más de una forma válida. Lo que el líder haga con esa información ya es trabajo de coaching.

Ampliar el repertorio de estilos es exactamente el trabajo que hace el coaching de liderazgo. No cambia tu carácter. Te da acceso a comportamientos que hoy no tienes disponibles cuando los necesitas.

Y ese acceso se nota en un lugar muy concreto: en la conversación difícil que hoy resuelves de la misma forma que hace diez años, con el mismo resultado de hace diez años.

Cómo se sostiene una travesía de cambio así lo desarrollo en Taxi para el éxito.

«El líder que solo tiene un estilo no tiene un estilo. Tiene un límite.» — Roberto Bernal

Preguntas frecuentes sobre los tipos de liderazgo

¿Cuáles son los tipos de liderazgo que existen?

Los ocho que aparecen de forma consistente en la literatura son: autocrático o directivo, democrático o participativo, laissez-faire o delegativo, transformacional, transaccional, situacional, servidor y coach. Cada uno produce un efecto distinto en el equipo, y ninguno es superior en abstracto: su valor depende de la situación, de la competencia de las personas y del tiempo disponible.

¿Cuál es la diferencia entre tipos y estilos de liderazgo?

En la práctica se usan como sinónimos y este artículo los trata así. Cuando alguien hace la distinción, suele reservar «tipo» para la categoría teórica (transformacional, transaccional) y «estilo» para la forma concreta en que un líder específico se comporta. La distinción que sí importa es otra: los estilos son formas de ejercer influencia, mientras que las habilidades de liderazgo son capacidades medibles que el puesto exige.

¿Cuál es el mejor tipo de liderazgo?

El que la situación pide. El transformacional es el que más se asocia a desempeño superior sostenido, pero fracasa sin disciplina de ejecución detrás, y es el estilo equivocado en una emergencia que exige decidir en minutos. La pregunta útil no es cuál es el mejor estilo, sino cuántos tienes disponibles: el líder con un solo estilo acierta cuando la situación coincide con él y falla el resto del tiempo.

¿Qué es el liderazgo situacional?

Es el principio de que el estilo correcto depende de la madurez del colaborador para una tarea concreta: dirección cuando hay poca competencia, apoyo y persuasión mientras se gana seguridad, respaldo cuando ya es competente pero duda, y autonomía cuando domina la tarea. El punto que más se pasa por alto es que la madurez se evalúa por tarea, no por persona: alguien puede ser experto en su especialidad y principiante conduciendo su primera reunión con un cliente.

¿Se puede cambiar de tipo de liderazgo?

Sí, y es exactamente lo que se trabaja en un proceso de coaching de liderazgo. El carácter explica hacia qué estilo se inclina alguien por defecto, sobre todo bajo presión, pero no impide desarrollar otros. Al principio los estilos nuevos salen forzados y hay que prepararlos de forma consciente; con práctica sostenida y seguimiento se vuelven disponibles cuando la situación los pide.

Foto del autor de la publicación: Roberto Bernal, MCC

Sobre el autor

Roberto Bernal es un coach ejecutivo con credencial Master Certified Coach (MCC) de la International Coaching Federation (ICF), el nivel más alto de la profesión, con experiencia desde 2001, especialista en coaching para el desarrollo del liderazgo. Es autor de tres libros publicados en Amazon.