Taxonomía de Bloom en la capacitación de empresa

Taxonomía de Bloom en la capacitación de empresa

La taxonomía de Bloom es la clasificación clásica de los resultados del aprendizaje: ordena lo que una persona debería tener al terminar una formación, por tipo de resultado y por nivel de exigencia. La formuló el psicólogo educativo Benjamin Bloom, y casi todo lo que se publica sobre ella habla de aulas, exámenes y planificación docente.

Este artículo no. Aquí la taxonomía de Bloom trabaja para quien compra o diseña capacitación de empresa, y hace dos trabajos concretos. Los tres dominios se vuelven tres preguntas sobre tu gente — ¿lo entiende? ¿puede hacerlo? ¿quiere hacerlo? — y los seis niveles cognitivos forman una escala que revela cuánto exige de verdad cada objetivo de un programa.

De esa doble lectura sale un instrumento de compra: cada nivel de la escala tiene métodos que lo producen y métodos que no le llegan. Con la escala en la mano puedes detectar, antes de firmar, si una propuesta puede cumplir lo que promete.

Soy Roberto Bernal, Master Certified Coach (MCC) de la International Coaching Federation y egresado del programa Designing Learning Online (DLO) de ATD, la Association for Talent Development. La versión que sigue es la que uso para diseñar — y la que te sirve para evaluar.

BLOOM EN LA EMPRESA — tres preguntas sobre tu gente y seis escalones de exigencia

Qué es la taxonomía de Bloom — y qué trabajo hace en una empresa

La taxonomía de Bloom puede entenderse como el inventario de los resultados del proceso de aprendizaje. Después de una formación, el participante debería haber desarrollado tres cosas: conocimiento (lo que sabe), habilidades (lo que puede ejecutar) y actitudes (su disposición a usarlo). El campo las resume con la sigla KSA, del inglés Knowledge, Skills, Attitudes.

En el aula, la taxonomía sirve para planificar clases y redactar exámenes. En la empresa hace un trabajo distinto: clasifica lo que un programa promete — qué tipo de resultado y con cuánta exigencia — y con eso te deja juzgar si el diseño puede producirlo.

Los dominios de Bloom: tres preguntas sobre tu gente

Los tres dominios de Bloom: ¿lo entiende?, ¿puede hacerlo?, ¿quiere hacerlo?

Los tres dominios de Bloom clasifican el resultado del aprendizaje por su naturaleza, y cada uno se deja traducir a una pregunta de negocio. Un programa serio sabe en cuál de los tres está trabajando, porque cada uno se desarrolla y se comprueba distinto.

Conocimiento: ¿lo entiende? — el dominio cognitivo

El dominio cognitivo cubre el desarrollo intelectual: recordar información, comprender conceptos, analizar datos, resolver problemas, tomar decisiones. En la formación de empresa se ve como identificar los pasos de un proceso, explicar un modelo o interpretar los datos de un reporte.

Es el dominio de lo que el participante sabe. Y es el que menos cuesta entregar y medir — por eso la mayoría de los programas vive aquí.

Habilidad: ¿puede hacerlo? — el dominio psicomotor

El dominio psicomotor cubre la ejecución: usar un software, completar un procedimiento, conducir una conversación de ventas, llenar un formulario sin errores. No es lo que la persona explica: es lo que hace, observable en el puesto.

Aquí ocurre la mayor parte del aprendizaje aplicado al trabajo. Una habilidad no se adquiere escuchándola; se adquiere ejecutándola.

Actitud: ¿quiere hacerlo? — el dominio afectivo

El dominio afectivo cubre cómo la persona piensa y siente respecto de lo aprendido: motivación, valores, compromiso, disposición al cambio. En la práctica se ve como valorar la seguridad, comprometerse con un estándar de calidad o mostrar apertura a una herramienta nueva.

Es el dominio que casi nadie diseña — no se enseña directamente — y el que decide si los otros dos se aplican. Sin actitud, el conocimiento se archiva y la habilidad se usa solo cuando alguien mira.

Los tres se distinguen en cualquier conducta del trabajo. Un vendedor puede saber qué hace bueno un cierre (conocimiento), poder conducirlo en una llamada real (habilidad) y aun así no intentarlo cuando el cliente se pone difícil (actitud).

De ahí la consecuencia dura: un programa que solo trabaja el primer dominio produce gente que sabe y no hace. Aprobar el examen del taller y cambiar la conducta del lunes son resultados de dominios distintos.

Los niveles de la taxonomía de Bloom: una escala, no una lista

Los seis niveles de la taxonomía de Bloom, de conocimiento a evaluación

Dentro del dominio cognitivo, la taxonomía ordena el aprendizaje en seis niveles, y conviene leerlos como escalera: cada nivel exige y contiene a los anteriores.

  1. Conocimiento — recordar datos o información: definir, enumerar, identificar.
  2. Comprensión — entender el significado de un concepto: explicar, resumir, dar ejemplos.
  3. Aplicación — usar un concepto en una situación nueva: aplicar, demostrar, resolver.
  4. Análisis — separar información en partes para entender su estructura: analizar, comparar, diferenciar.
  5. Síntesis — combinar elementos para crear una nueva estructura o solución: diseñar, desarrollar, planificar.
  6. Evaluación — emitir juicios sobre el valor de ideas o soluciones: evaluar, justificar, juzgar.

El punto que le importa al comprador no es memorizar la escala: es ubicar en ella lo que compra. La mayor parte de la formación corporativa opera en los dos primeros escalones — la gente recuerda y comprende — y eso queda corto cuando lo que se busca es que alguien desempeñe mejor su trabajo, porque el desempeño empieza en el tercero.

La prueba está en la evaluación típica: un cuestionario al final del taller mide el primer escalón — recordar datos o información. Si el programa prometía que tu gente demostraría, resolvería o decidiría, esa evaluación no mide lo prometido.

La regla del entorno profesional: todo objetivo va de aplicación hacia arriba

La literatura trata los seis niveles como destinos igualmente legítimos para un objetivo — y en el aula lo son. En mis diseños rige una regla más exigente: en un entorno profesional, todos los objetivos de aprendizaje van del nivel de Aplicación hacia arriba.

La razón es la naturaleza de la inversión. Una empresa no paga para que su gente sepa: paga para que haga — venda, supervise, resuelva, decida. Conocimiento y comprensión no son destinos: son escalones que se atraviesan dentro del programa, camino a la aplicación.

La regla tiene dos consecuencias de diseño. Primera: cada módulo termina en práctica, porque un objetivo de aplicación no se cumple exponiendo. Segunda: la evaluación deja de ser un cuestionario y pasa a ser una ejecución observada.

Y tiene una consecuencia de compra. Si el objetivo de un módulo dice «conocer las políticas de servicio» o «comprender los principios del liderazgo», el programa declaró su techo en el segundo escalón: no está mal escrito — está ambicionando poco, y te lo dijo por escrito.

El nivel decide el método

Qué métodos produce cada nivel cognitivo del objetivo

Aquí está la parte más aplicable de la escala: cada nivel cognitivo tiene métodos que lo producen. Mientras más alto el nivel, más participación y más juicio exige el método — y menos puede resolverse con exposición.

Nivel del objetivoMétodos que lo producen
ConocimientoMini-clases breves, lecturas, audiovisuales, e-learning autodirigido (contenido a ritmo propio), demostraciones, observación guiada, preguntas y respuestas.
Comprensión y aplicaciónRole play — el ensayo de la situación real con papeles asignados —, estudios de caso, discusión grupal, reflexión individual.
AnálisisEntrenamiento en el trabajo, aprender haciendo, simulaciones de situaciones laborales.
Síntesis y evaluaciónAplicar lo aprendido en situaciones reales inesperadas, aprender a través de los errores, coaching y mentoring — el acompañamiento individual sostenido que trabaja el juicio, no el contenido.

La tabla se lee en las dos direcciones: qué necesita el programa para cumplir su objetivo — y qué nivel puede cumplir, como máximo, el método que te están proponiendo.

De ahí la prueba de compra: si el objetivo es de aplicación y el método propuesto es una charla, el programa no puede cumplir lo que promete. No hace falta esperar los resultados: el desajuste está en la propuesta, antes de firmar.

La taxonomía de Bloom por dominios: qué carga cada método

Hay una segunda lectura: cada método carga dominios distintos.

MétodoConocimientoHabilidadActitud
Mini-clase, video, lectura, demostración
Demostración con práctica
Práctica directa sobre la tarea
Estudio de caso, juego estructurado
Role play, simulación
Discusión grupal
Debate, panel de discusión
Reflexión y autoevaluación

Mira la primera fila: la mini-clase, el video y la lectura — el material del que están hechos casi todos los programas — solo tocan conocimiento. Un programa armado exclusivamente con ellos declaró, sin decirlo, que la habilidad y la actitud quedan fuera.

Cómo usar la taxonomía de Bloom para leer una propuesta

No necesitas ser diseñador instruccional. Con tres movimientos sobre el papel alcanza.

  1. Ubica el verbo de cada objetivo en la escala. «Identificar» y «explicar» viven en los dos primeros niveles; «demostrar», «resolver» y «diseñar» viven de aplicación hacia arriba. Si todos los verbos viven abajo, el programa te ofrece saber, no hacer.
  2. Hazle a cada resultado las tres preguntas. ¿Necesitas que tu gente lo entienda, que pueda hacerlo o que quiera hacerlo? Si la respuesta honesta incluye «que quiera», busca en la propuesta quién trabaja la actitud y cómo — es lo primero que se omite.
  3. Cruza la agenda con la tabla. Verifica que los métodos de la agenda correspondan al nivel del objetivo. Exposición para recordar es correcto; exposición para aplicar es un programa que promete lo que su método no puede producir.

La escala clasifica el objetivo; escribirlo es otro oficio. La fórmula para redactarlo — una condición, un verbo observable y un criterio, la herencia de Robert Mager — tiene su propio artículo sobre objetivos de aprendizaje.

Lo mismo el resto de la cadena. El tipo de resultado — conocimiento, habilidad o actitud — también decide el medio por el que viaja el programa: qué funciona en asincrónico y qué exige facilitador es un criterio con artículo propio. El orden en que se aprende dentro de la sesión lo gobierna el ciclo 4MAT — las cuatro preguntas que todo cerebro necesita responder para integrar algo —, y la estructura de cada lección la dan las fases ROPES, que reparten su tiempo entre exposición y práctica; cada uno tiene el suyo.

La taxonomía es una capa de una cadena mayor — el Protocolo de Conexión Metodológica, el encadenado donde cada modelo recibe el trabajo del anterior y le entrega el suyo al siguiente — y el mapa completo está en la guía de diseño instruccional del International Coaching Institute.

En International Coaching Institute la escala se usa antes de proponer nada: primero qué necesita poder hacer tu gente y en qué nivel; de ahí salen los métodos — no al revés. Si estás evaluando una capacitación, o diseñando la interna de tu empresa, cuéntanos qué necesita poder hacer tu gente.


Preguntas frecuentes

¿Qué es la taxonomía de Bloom?

Es la clasificación clásica de los resultados del aprendizaje, formulada por el psicólogo educativo Benjamin Bloom. Ordena lo que una persona desarrolla al formarse en tres dominios — conocimiento, habilidad y actitud — y, dentro del cognitivo, en seis niveles de exigencia que van de recordar información a emitir juicios propios.

¿Para qué sirve la taxonomía de Bloom en una empresa?

Para clasificar lo que un programa de capacitación promete y verificar que pueda cumplirlo. Los tres dominios se traducen en tres preguntas — ¿lo entiende? ¿puede hacerlo? ¿quiere hacerlo? — y los niveles ubican cuánta exigencia declara cada objetivo, lo que permite cruzar objetivo contra método antes de contratar.

¿Cuáles son los tres dominios de Bloom?

El cognitivo (conocimiento: lo que la persona sabe y comprende), el psicomotor (habilidad: lo que puede ejecutar en el trabajo) y el afectivo (actitud: su disposición a usar lo que sabe y puede). Cada dominio se desarrolla y se comprueba con métodos distintos.

¿Cuáles son los niveles de la taxonomía de Bloom?

Seis, en escala de exigencia creciente: conocimiento, comprensión, aplicación, análisis, síntesis y evaluación. Cada nivel contiene a los anteriores — un objetivo de análisis presupone que ya se recuerda, se comprende y se aplica —, y por eso la escala se lee como escalera, no como menú.

¿Qué nivel debe tener un objetivo de capacitación corporativa?

De aplicación hacia arriba. En un entorno profesional, conocimiento y comprensión son escalones intermedios, no destinos: la empresa no invierte para que su gente sepa, sino para que haga. Un objetivo que se queda en «conocer» o «comprender» declara un techo por debajo del desempeño que se está comprando.

¿Cómo se usa la taxonomía de Bloom para evaluar una propuesta de capacitación?

Con tres movimientos: ubicar el verbo de cada objetivo en la escala de seis niveles, preguntarse qué dominio necesita el resultado — entender, hacer o querer — y cruzar los métodos de la agenda con el nivel declarado. Si la taxonomía de Bloom ubica el objetivo en aplicación y la agenda solo trae exposición, el desajuste se ve antes de firmar.

Foto del autor de la publicación: Roberto Bernal, MCC

Sobre el autor

Roberto Bernal es un coach ejecutivo con credencial Master Certified Coach (MCC) de la International Coaching Federation (ICF), el nivel más alto de la profesión, con experiencia desde 2001, especialista en coaching para el desarrollo del liderazgo. Es autor de tres libros publicados en Amazon.