Objetivos de aprendizaje: la fórmula de tres partes

Objetivos de aprendizaje: la fórmula de tres partes

Los objetivos de aprendizaje declaran lo que el participante podrá hacer cuando la formación termine — no lo que va a saber, ni los temas que se habrán cubierto. Un objetivo completo lleva tres partes: una condición, un verbo observable y un criterio. Si falta alguna, no tienes un objetivo: tienes una intención.

Esa definición es, además, un instrumento de compra. La mayoría de las propuestas de capacitación no traen objetivos de aprendizaje: traen un temario — la lista de temas que se van a «ver» —, y un temario no compromete a nada, porque ver un tema no cambia ninguna conducta.

Este artículo te da la fórmula completa para escribirlos y para juzgarlos: los tres elementos, los verbos que sirven y los que no, las cuatro formas válidas de criterio, y cuatro ejemplos corregidos de antes y después.

Soy Roberto Bernal, Master Certified Coach (MCC) de la International Coaching Federation y egresado del programa Designing Learning Online (DLO) de ATD, la Association for Talent Development — el marco de este artículo viene de esa formación.

OBJETIVOS DE APRENDIZAJE — lo que el participante podrá hacer, no lo que se habrá visto

Saber no es poder hacer

La pregunta que ordena cualquier diseño de formación no es «¿qué debe saber el participante?». Es otra: ¿qué debe ser capaz de hacer cuando esto termine? El saber no se puede observar; el hacer, sí — y solo lo observable se puede comprobar.

Marc Rosenberg, referente del diseño instruccional, lo dejó en una línea: «El rendimiento es, en última instancia, más importante que el entrenamiento». La formación es un medio; lo que se compra es el desempeño que produce.

Hay una segunda distinción, y es la que más se viola en la práctica: el objetivo describe lo que hace el participante, no lo que explica el facilitador. «Presentar los principios del liderazgo situacional» suena a objetivo, pero no lo es — es el plan de trabajo de quien va a dar el taller. Pone el foco en la transmisión; un objetivo lo pone en el resultado.

Esa inversión de foco cambia el diseño completo: del hacer del participante se derivan el contenido, las actividades y la evaluación; del plan del facilitador solo se deriva una agenda.

Cómo escribir objetivos de aprendizaje: la fórmula de Mager

La fórmula de tres partes: condición, verbo observable y criterio

En 1962, el investigador Robert Mager publicó Preparando objetivos instruccionales, que sigue siendo la referencia del campo. Su propuesta: un objetivo válido tiene exactamente tres elementos. En mis diseños los aplico en este orden:

Dado [condición] — el participante [verbo observable]
que [criterio].

La condición: con qué llega el participante

La condición describe el contexto en que la persona va a ejecutar la acción: las herramientas, los datos, los materiales o las ayudas con las que contará. Nadie trabaja en el vacío — se trabaja con cierta información, ciertos recursos y ciertas restricciones, y el objetivo lo refleja.

En un programa por módulos, la condición suele ser el entregable del módulo anterior: lo que la persona produjo allá es con lo que llega acá. Eso vuelve el programa acumulativo — cada pieza carga a la siguiente.

La acción: un verbo observable

El verbo nombra lo que el participante hará, y la palabra clave es observable: si no puedes verlo ni medirlo, no sirve como verbo de objetivo.

Comprender, apreciar, conocer, entender y valorar no califican — nadie puede mirar a una persona y verificar que «comprende». Elaborar, identificar, analizar, demostrar, aplicar, producir, comparar y seleccionar sí califican: cada uno deja algo que se puede examinar.

El criterio: el estándar que lo vuelve evaluable

El criterio define el nivel de desempeño que cuenta como logrado. Sin este elemento el objetivo es una intención; con él se convierte en un estándar evaluable.

Hay cuatro formas válidas de escribirlo: precisión (sin errores, coincide con el procedimiento), cantidad (al menos tres), calidad (cumple las especificaciones acordadas) y tiempo (en menos de veinte minutos). Cualquiera de las cuatro sirve; lo que no sirve es su ausencia.

Los tres elementos juntos se ven así: dada una hoja de cálculo con las ventas del trimestre y las notas de entrevistas con clientes, el participante elaborará una propuesta comercial que incluya al menos tres gráficos y conecte cada beneficio con una necesidad del cliente. Condición, verbo, criterio — claro, observable, evaluable.

La prueba del objetivo: «¿cómo lo sabremos?»

Todo objetivo tiene una prueba de calidad de una sola pregunta: ¿cómo lo sabremos? Si el objetivo la responde con algo verificable, está completo. Si la respuesta exige interpretar — «se les nota más seguros», «el clima mejoró» —, le falta el criterio.

La pregunta trabaja en las dos direcciones. Al escribir, te obliga a definir la evidencia antes de diseñar una sola actividad. Al comprar, te deja auditar una propuesta en minutos: tómale cada objetivo y hazle la pregunta — la respuesta está en el papel o no está.

Y tiene un efecto que pocas veces se advierte: el criterio del objetivo es el instrumento de evaluación. Un programa con objetivos completos no necesita inventar al final cómo medirse; la medición quedó escrita el primer día. Cuando la única evaluación ofrecida es una encuesta de satisfacción, lo que falló no fue la medición — fueron los objetivos, meses antes.

El error que casi nadie ve: una regla de cadena no es un criterio

Comparativa: la regla de cadena describe la condición; el criterio, el estándar

En los programas por módulos bien diseñados, cada lección produce un entregable que la siguiente utiliza. De ahí nace una regla tentadora: «este trabajo está terminado cuando el paso siguiente puede correr con él». Suena a criterio. No lo es.

Fíjate qué describe: describe con qué llega el participante a la lección siguiente. Eso es la condición — el «dado…» de la fórmula —, solo que leída desde el módulo de al lado. Como condición es excelente: encadena el programa y lo vuelve acumulativo.

Pero no dice si el trabajo está bien hecho. Un entregable puede alcanzar para que el paso siguiente arranque y aun así estar por debajo del estándar — incompleto, impreciso, hecho a medias. La cadena mide que algo pasó de mano; el criterio mide que lo que pasó tiene la calidad acordada.

La consecuencia práctica: cada lección lleva su propio criterio. Una regla global del programa no exime a ninguna. Y la última lección, que no tiene paso siguiente, tampoco queda huérfana: su vara es el desempeño real en el puesto de trabajo.

Ejemplos de objetivos de aprendizaje: antes y después

Cuatro objetivos de aprendizaje antes y después de aplicarles la fórmula

Cuatro objetivos como los que llegan en las propuestas, reescritos con la fórmula. En cada uno, el problema del original es el mismo: verbo no observable, sin condición y sin criterio.

Retroalimentación

Antes: «Comprender la importancia de la retroalimentación oportuna.»

Después: «Dado un caso real de bajo desempeño en su propio equipo, el participante conducirá una conversación de retroalimentación que describa la conducta observada, su efecto y el cambio esperado — las tres partes, sin juicios sobre la persona.» El criterio es de calidad: la conversación cumple las tres partes o no las cumple.

Delegación

Antes: «Conocer los principios de la delegación efectiva.»

Después: «Dada la lista de sus responsabilidades actuales, el participante seleccionará al menos tres tareas delegables y elaborará para cada una un plan que nombre al responsable, el resultado esperado y la fecha de revisión.» Criterio de cantidad — al menos tres — más el contenido mínimo de cada plan.

Servicio al cliente

Antes: «Sensibilizar al personal sobre la experiencia del cliente.»

Después: «Dado el guion de un reclamo frecuente, el participante demostrará el protocolo de atención completo en un role play — un ensayo con papeles asignados que simula la interacción real — sin omitir ninguno de sus pasos.» Criterio de precisión: el protocolo completo, paso por paso.

Manejo de conflicto

Antes: «Valorar la diversidad de opiniones dentro del equipo.»

Después: «Dado un desacuerdo simulado entre dos áreas, el participante identificará la posición y el interés de cada parte y propondrá dos opciones de acuerdo que atiendan los intereses de ambas.» Criterio de cantidad y de calidad a la vez.

Nota lo que cambió en los cuatro — y algo más: nadie conduce una conversación, arma un plan ni demuestra un protocolo escuchando una presentación. El objetivo bien escrito ya te adelantó el método.

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Esta fórmula viene en hoja para llenar. El Kit de diseño de lección trae la plantilla de objetivos con sus tres campos en blanco, la lista de verbos que sirven y las cuatro formas de criterio.

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El nivel del objetivo decide el método

La taxonomía de Bloom — el marco clásico que ordena el aprendizaje por niveles de exigencia y en tres dominios — merece su propio artículo; su versión de bolsillo son tres preguntas: ¿lo entiende? ¿puede hacerlo? ¿quiere hacerlo? Lo que importa aquí es su consecuencia directa: el nivel de exigencia del objetivo decide el método de la sesión.

  • Objetivos de conocimiento — recordar información, reconocer conceptos — se logran con mini-clases breves, lecturas, demostraciones y contenido a ritmo propio.
  • Objetivos de comprensión y aplicación — interpretar y usar lo aprendido — piden role play, estudios de caso, discusión grupal.
  • Objetivos de análisis — resolver situaciones no idénticas a las practicadas — piden aprender haciendo, simulaciones de situaciones laborales, entrenamiento en el puesto.
  • Los niveles más altos — aplicar con juicio propio en situaciones reales e inesperadas — piden acompañamiento sostenido: coaching y mentoring.

Con esa escala puedes leer cualquier agenda contra el objetivo que la encabeza. Si el objetivo promete que la gente conducirá conversaciones y la agenda es exposición con un ejercicio al final, el método quedó por debajo del objetivo: el programa promete aplicación y entrega conocimiento.

Dónde encaja el objetivo en el método completo

El objetivo es una capa de un método mayor. ADDIE — el modelo clásico que gestiona el proyecto de construir un programa, de principio a fin — escribe los objetivos en su fase de diseño; cuál modelo de ese tipo usar es tema de otro artículo. El ciclo 4MAT decide el orden en que se aprende dentro de la sesión, y tiene el suyo. Y los eventos de Gagné con las fases ROPES estructuran la lección donde el objetivo se cumple — también con artículo propio.

En mis programas, esas capas no conviven sueltas: las conecta el Protocolo de Conexión Metodológica, la manera en que cada modelo le entrega su salida al siguiente. El mapa completo está en la guía de diseño instruccional del International Coaching Institute.

Si estás evaluando una propuesta — o diseñando la capacitación interna de tu empresa — y quieres objetivos con criterio en lugar de un temario, háblanos del programa que necesitas.


Preguntas frecuentes

¿Qué es un objetivo de aprendizaje?

Es la declaración de lo que el participante podrá hacer al terminar una formación, con la condición en que lo hará y el estándar de desempeño que debe alcanzar. Describe la conducta del participante, no los temas del facilitador — y por eso puede comprobarse, cosa que un tema «visto» no permite.

¿Cuál es la diferencia entre un objetivo y un temario?

El temario lista lo que el facilitador va a cubrir; el objetivo declara lo que el participante va a poder hacer. El primero compromete a hablar de algo; el segundo compromete a un resultado verificable. Una propuesta que solo trae temario te está vendiendo horas de contenido, no un cambio de conducta.

¿Cuáles son los tres elementos de un objetivo de aprendizaje?

La condición (con qué llega el participante: herramientas, datos, materiales), la acción (un verbo observable, como elaborar o demostrar) y el criterio (el estándar: precisión, cantidad, calidad o tiempo). Es la fórmula que Robert Mager publicó en 1962 y sigue siendo la referencia del diseño instruccional.

¿Qué verbos se usan para escribir objetivos de aprendizaje?

Verbos observables: elaborar, identificar, analizar, demostrar, aplicar, producir, comparar, seleccionar. Se evitan comprender, apreciar, conocer, entender y valorar, porque nombran estados internos que nadie puede verificar desde afuera — con ellos el objetivo no pasa la prueba «¿cómo lo sabremos?».

¿Cuántos objetivos necesita un programa de capacitación?

Uno por cada nivel de la estructura: el programa completo tiene el suyo, cada módulo el suyo y cada lección el suyo, y los tres se encadenan — el objetivo de la lección sostiene al del módulo, y el del módulo al del programa. Lo que no funciona es un solo objetivo general que ninguna sesión concreta se compromete a cumplir.

¿Quién escribe los objetivos de una capacitación?

El proveedor los redacta durante el diagnóstico, con información tuya y de quien conoce la operación — no pueden venir preescritos en un catálogo, porque la condición y el criterio dependen de tu caso. Tu papel es exigirlos antes de firmar y probarlos con una pregunta. Los objetivos de aprendizaje son el primer entregable de un programa serio: si llegan después del temario, llegaron tarde.

Foto del autor de la publicación: Roberto Bernal, MCC

Sobre el autor

Roberto Bernal es un coach ejecutivo con credencial Master Certified Coach (MCC) de la International Coaching Federation (ICF), el nivel más alto de la profesión, con experiencia desde 2001, especialista en coaching para el desarrollo del liderazgo. Es autor de tres libros publicados en Amazon.