Herramientas de coaching: las 9 que usa un coach MCC

Herramientas de coaching: las 9 que usa un coach MCC

Cuando alguien me pregunta qué son realmente las herramientas de coaching, respondo con una frase que uso desde hace años: el coaching es un proceso que lleva a una persona a sus objetivos a través de un método y unas herramientas. Las dos cosas. No una.

Esa distinción parece menor y no lo es. Las herramientas de coaching son los instrumentos que un coach usa dentro de la conversación: la escucha, las preguntas, una rueda dibujada en una hoja, una evaluación. El método es el orden en que se usan. Sin método, las herramientas de coaching son un maletín bonito que no lleva a ninguna parte.

Un contratista de construcción no usa una cinta métrica para sacar un clavo del marco de una puerta. Conoce su oficio: para eso usa la parte trasera del martillo. Así como todo buen constructor sabe qué herramienta necesita cada necesidad, cada herramienta de coaching tiene un propósito distinto y produce un resultado distinto.

Este artículo recorre las nueve herramientas que uso en un proceso profesional. Y hace algo que rara vez encontrarás en otras listas: dice en qué momento del proceso entra cada una. Porque el problema de la mayoría de los coaches que empiezan no es que les falten herramientas. Es que las usan en el momento equivocado.

HERRAMIENTAS DE COACHING — nueve instrumentos y el momento en que entra cada uno

Por qué las herramientas de coaching no funcionan solas

Una herramienta, en coaching, hace una sola cosa: le facilita al coach llevar a cabo una tarea.

Una ayuda al cliente a escucharse a sí mismo. Otra lo hace reflexionar sobre un tema que venía evitando. Otra le permite ver, dibujado en una hoja, algo que llevaba meses sintiendo sin poder nombrar. Ninguna de ellas produce el cambio por sí sola.

Lo que produce el cambio es la secuencia. En el proceso de coaching hay un arco —desde el acuerdo inicial hasta el cierre con evaluación de resultados— y dentro de cada sesión hay un método que ordena la conversación. Las herramientas se insertan ahí, en el punto donde hacen falta.

Por eso este recorrido no es un catálogo alfabético. Va en el orden en que las herramientas aparecen en una conversación real: primero las que construyen la relación, después las que exploran, después las que devuelven, y al final las que mueven la perspectiva.

Las nueve herramientas de coaching y el momento del proceso en que entra cada una

Rapport o sintonía

El rapport es una relación de respeto e influencia recíprocos que nace del intento sincero de comprender al otro en sus propios términos.

La etimología del término viene del francés rapporter, y su esencia se relaciona con llevar a cabo algo. Es preciso: lo que un coach hace al establecer rapport son acciones concretas que le permiten relacionarse mejor con su cliente. En lenguaje metafórico, se establece una especie de danza entre coach y cliente, donde la sintonía se puede ganar o perder en cualquier momento. Igual que cuando dos personas bailan.

Qué busca un coach al establecer sintonía

La intención final es ver el mundo desde el punto de vista del coachee y escuchar en los términos de su cliente. Eso le permite imaginar cómo sería estar en su piel.

Para construir sintonía en una relación de coaching es importante:

  • Respetar lo que el cliente valora y cree.
  • Espejear su comportamiento, no imitarlo.
  • Emplear las mismas palabras del coachee.
  • Igualar el estilo de pensamiento.
  • Facilitar un entorno agradable.

El rapport no es una cualidad de todo o nada: tiene grados. Y cuando la sintonía se sostiene en el tiempo, desemboca en confianza —que es la condición sin la cual ninguna otra herramienta de esta lista funciona.

Momento del proceso: desde la primera sesión y de forma permanente. Es la única herramienta que nunca se apaga.

Escucha activa

Escuchar parece sencillo. Prestar verdadera atención a un cliente sin que medie juicio, interpretación o distorsión de tu parte es una experiencia profunda y bastante rara.

Existen cuatro niveles de escucha, y solo el último sirve para hacer coaching.

Oír

El nivel más superficial. Oír registra las ondas sonoras de la voz del otro. Puedes estar oyendo a alguien y al mismo tiempo pensar o hacer otra cosa. Para oír no hace falta prestar atención. Un coach no debería estar nunca en este nivel.

Escuchar a

Aquí hay una pregunta en la mente mientras el cliente habla: ¿qué significa para mí lo que me está diciendo?

Es escuchar desde tu propia experiencia de vida. El cliente habla de una discusión con su pareja y eso te dispara el recuerdo de una discusión tuya. Es el nivel que usamos a diario y es adecuado para la vida cotidiana. No es eficaz para el coaching.

Escuchar para

El tercer nivel busca detectar algo específico en lo que el cliente dice. El coach filtra lo escuchado en términos metodológicos y selecciona los elementos que le ayudan a formarse una opinión: me está hablando de algo que desea, me está hablando de un reto que enfrenta.

Es útil, pero exige diálogo interno del coach —y ese diálogo compite con la atención al cliente.

Escucha consciente

El cuarto nivel: escucha profunda con un mínimo de juicio. El coach mantiene al margen sus suposiciones y baja su diálogo interno casi a cero.

Este es el nivel del coaching. Y es la puerta de las dos herramientas siguientes: si no escuchas así, no vas a poder hacer preguntas poderosas ni dar retroalimentación de calidad. No hay forma de saltárselo.

Momento del proceso: en cada sesión, todo el tiempo. La escucha consciente es lo que hace posible todo lo demás.

Los cuatro niveles de escucha: oír, escuchar a, escuchar para y escucha consciente

Observación

La mayoría de la gente solo ve. Ver incluye la capacidad del ojo de registrar la luz: puedes estar viendo los movimientos de alguien, sus gestos, cómo se viste, su respiración, sin extraer de eso ningún significado.

La observación empieza cuando hay conciencia de lo que se ve. El cliente mueve los ojos hacia arriba y luego hace un gesto firme con la mano derecha para enfatizar su punto. ¿Qué significa eso? Si tiene un significado para el coachee, también debe tenerlo para el coach.

De la observación a la calibración

Calibrar es interpretar las señales no verbales para detectar con precisión lo que un coachee está experimentando. Ya no solo ves: eres consciente y descubres un patrón.

Un ejemplo real. Observas que cuando el cliente se enoja aprieta la mandíbula y frunce el ceño de forma muy sutil; la comisura izquierda de la boca sube un poco; el tono de voz se vuelve más áspero y habla más deprisa. Al observarlo varias veces, notas que repite exactamente ese patrón cada vez que habla de su jefe.

¿Estará enojado con su jefe? Eso hay que corroborarlo con la persona, no asumirlo. Pero ahora tienes una pregunta que hacer, y esa pregunta no salió de tu intuición: salió de la observación atenta.

No existe la no comunicación. Las personas siempre están hablando —cuando encogen los hombros, cuando suspiran, cuando miran de reojo. El tono de la voz dice mucho sobre lo que valoran y lo que les frustra. Por eso hay que observar para calibrar.

Momento del proceso: permanente, y especialmente valiosa cuando el cliente dice que está bien y su cuerpo dice otra cosa.

Preguntas poderosas

Las preguntas tienen una cualidad extraña: no puedes dejar de responderlas.

Acabo de hacerte una hace dos líneas y ya la respondiste internamente. Ahí está la prueba. Te obligan a revisar tu experiencia. Incluso si la respuesta es «no sé», para llegar a ese «no sé» tuviste que pensar la pregunta primero.

En sentido metafórico, las preguntas son lámparas que iluminan los lugares oscuros de la conciencia. Una buena pregunta mueve la atención hacia áreas que antes no estaban iluminadas. Cuando le haces una pregunta eficaz a un cliente, le das la oportunidad de reconsiderar su experiencia bajo una luz nueva y de descubrir respuestas que no sabía que tenía.

El relato Zen del hombre y la farola

En Coaching con PNL, Joseph O’Connor y Andrea Lages cuentan una historia que explica esto mejor que cualquier definición.

Un hombre busca algo con desesperación bajo una farola. Un caminante se detiene a ayudarlo y le pregunta qué busca.

—Mis llaves.

—Entiendo. ¿Dónde las perdió?

—Las perdí en mi casa.

—¿Las perdiste en tu casa y las estás buscando en la calle?

—Mi casa está muy oscura y no puedo ver. Como aquí hay más luz, prefiero buscar aquí.

Así funciona el coaching. El cliente busca la respuesta donde hay luz, donde ya tiene conciencia. Pero las respuestas están en la casa oscura. El trabajo del coach es formular preguntas que arrojen luz en el lugar correcto.

Momento del proceso: en toda la conversación, pero cambian de naturaleza según la etapa. Al inicio se pregunta para explorar el presente; después, para diseñar el futuro e investigar las creencias y los valores del cliente: qué quiere, por qué lo quiere y qué le está impidiendo obtenerlo.

Retroalimentación o feedback

El coaching es un proceso de aprendizaje y cambio, y a los clientes les resulta muy útil recibir retroalimentación sobre su desempeño. Pero solo si es de alta calidad.

De alta calidad significa tres cosas: específica, basada en la conducta evidenciada y libre de juicios y evaluaciones. Un feedback que empieza con «tú eres muy…» no es feedback: es una etiqueta.

El coach devuelve sobre lo que el cliente está haciendo y cómo lo hace, sobre lo que no está haciendo, sobre lo que dice y cómo lo dice, y sobre los resultados de los pequeños cambios que va evidenciando. Para eso el coach necesita una comunicación asertiva con método detrás —dar feedback bien es una habilidad entrenada, no un rasgo de personalidad.

Momento del proceso: después de la acción. El feedback sin acción previa es especulación.

Pruebas psicométricas

Las evaluaciones psicométricas permiten aproximarse al comportamiento y las preferencias de un cliente con datos, no con impresiones. La psicometría es la disciplina que reúne los métodos y las teorías para medir variables psicológicas.

En coaching sirven para lo mismo que todo lo demás: subir el nivel de conciencia —del cliente y del coach— sobre el estilo de comportamiento, el perfil de competencias, las características de inteligencia emocional. Hacer consciente al cliente es uno de los elementos clave del coaching, y un instrumento bien aplicado acorta ese camino de meses a una sesión.

Una advertencia que hago siempre: un instrumento propone, no dictamina. La información de una evaluación ayuda al coachee a tomar mejores decisiones si se usa correctamente. Usada como etiqueta —»es que yo soy así»— hace exactamente lo contrario.

Momento del proceso: al inicio, como parte de la exploración del presente. En los procesos ejecutivos que conduzco, la evaluación entra en las primeras sesiones y luego se integra a la conversación durante todo el proceso.

Herramientas visuales

Para entender por qué funcionan las herramientas visuales hay que preguntarse algo previo: ¿qué es el pensamiento? Y en realidad la pregunta correcta es más fina: ¿qué significa el pensamiento para cada persona?

Resulta que es distinto en cada quien. Para algunos son sobre todo imágenes en la mente; para otros, una voz interior; para otros, una sensación difícil de analizar. En nuestra mente vemos, oímos y sentimos igual que en el mundo externo: nos re-presentamos el mundo a través de los sentidos. A esos sentidos usados internamente se les llama sistemas de representación.

Como el sistema visual es el que más usamos, darle al cliente algo que represente su situación de forma visual cambia la conversación. Un ejemplo clásico es la rueda de la vida, que convierte ocho áreas de la vida en un dibujo que el cliente puede mirar completo de una sola vez. Lo que llevaba meses siendo una sensación difusa se vuelve, en cinco minutos, una figura con forma.

Momento del proceso: en la exploración del presente, cuando el cliente necesita ver dónde está antes de decidir hacia dónde va.

Metáforas

Usar metáforas o analogías facilita que un coachee descubra similitudes entre su juego interno y algún objeto, animal o situación. Según Gregory Bateson, este tipo de pensamiento conduce a mayor creatividad y puede llevar a una persona a descubrir verdades más profundas sobre sus propios modelos mentales.

Se activan con preguntas simples: ¿a qué se parece esto que te sucede? Si tuvieras que compararlo con algo, ¿con qué lo compararías?

Un ejemplo. Un cliente dice que se siente criticado en la oficina. Le pides que lo compare con algo y aparece la imagen de escuchar una opinión en la radio. De pronto lo que era un ataque personal es información con la que puede estar o no de acuerdo. La metáfora cambió el significado, y ahora es el cliente quien decide cuánto peso darle a lo que escucha.

Momento del proceso: cuando el cliente está atascado en una descripción literal de su problema y necesita salirse de ella para verla.

Posiciones perceptivas

Un coach es, entre otras cosas, un maestro de perspectivas. Las posiciones perceptivas son la herramienta que le permite al cliente ver una relación desde tres ángulos distintos hasta lograr un punto de vista integral.

Primera posición

El punto de vista del cliente sobre su propia realidad: lo que cree, valora, opina, siente y piensa. Desarrollar esta posición es ayudarlo a conocerse mejor —qué quiere, qué valora, qué cree.

Segunda posición

Ponerse en el lugar del otro: ver, pensar y sentir el mundo como lo hace la otra persona. Adoptar la segunda posición no significa estar de acuerdo. Significa comprender. Es la posición que conduce a la empatía.

Tercera posición

También llamada la del observador. El cliente toma un punto de vista exterior y desapegado: ya no es su punto de vista ni el del otro. Se ve a sí mismo y al otro en relación, desde afuera.

En la práctica, la mayoría de las personas es más hábil en una posición que en las otras. Si un cliente tiene problemas recurrentes en sus relaciones, probablemente le cueste la segunda. Si constantemente se siente menospreciado y le da más importancia a los objetivos de los demás que a los propios, hay que reforzar su primera posición. En ambos casos la tercera ayuda a ganar objetividad.

Momento del proceso: cuando el tema de la sesión es un vínculo —con el jefe, con un par, con la pareja, con un hijo.

Posiciones perceptivas: primera, segunda y tercera

Herramientas para coaching ejecutivo: las mismas, con otro foco

Una pregunta que recibo seguido es si las herramientas de coaching ejecutivo son distintas. La respuesta corta es no. Son las mismas nueve.

Lo que cambia es el peso de cada una. En un proceso con un ejecutivo, las evaluaciones psicométricas y el feedback pesan más —porque hay un entorno organizacional que también opina sobre su desempeño y porque las decisiones que toma afectan a otros. Las posiciones perceptivas se usan casi siempre, ya que buena parte de los temas de un directivo son relaciones: su equipo, sus pares, su jefe.

Pero el rapport, la escucha consciente y las preguntas siguen siendo el piso. Un ejecutivo con veinte años de trayectoria detecta en dos minutos si el coach que tiene enfrente está escuchando de verdad o está esperando su turno para hablar.

El maletín no es el oficio

«Las herramientas son las manos. El método es la cabeza.» — Roberto Bernal

Si algo quiero que te quede de este recorrido es esto: tener las nueve herramientas no te hace coach, igual que tener un martillo no te hace carpintero.

Lo que hace el trabajo es saber cuál usar, en qué momento y para qué. Ese criterio es lo que aporta un método —y es la razón por la que en International Coaching Institute cada sesión sigue el Método de Coaching DiRECTO, y por la que el modelo más conocido del mundo, el método GROW, sigue siendo un buen lugar donde empezar.

Las herramientas son las manos. El método es la cabeza.

Si quieres ver cómo se combinan las dos cosas en procesos reales, con casos y con los errores que cometí en el camino, lo desarrollo en Taxi para el éxito.


Preguntas frecuentes sobre las herramientas de coaching

¿Cuáles son las herramientas de coaching más usadas?

Las nueve más frecuentes en un proceso profesional son: rapport o sintonía, escucha activa, observación y calibración, preguntas poderosas, retroalimentación, pruebas psicométricas, herramientas visuales, metáforas y posiciones perceptivas. Las tres primeras están presentes en toda la conversación; las demás entran en momentos específicos del proceso según lo que el cliente necesite.

¿Cuál es la diferencia entre una herramienta y un método de coaching?

Una herramienta es un instrumento que resuelve una tarea puntual dentro de la conversación —hacer consciente, explorar, devolver información. Un método es la secuencia que ordena toda la sesión y determina qué se hace primero y qué después. Un coach puede conocer veinte herramientas y no producir resultados si no tiene un método que las ordene; el método sin herramientas, por su parte, es una estructura vacía.

¿Se necesita ser coach certificado para usar estas herramientas?

Varias de estas herramientas —escuchar de verdad, preguntar en lugar de aconsejar, dar feedback descriptivo— mejoran cualquier conversación de trabajo, y un líder puede incorporarlas sin ser coach. Lo que distingue al coach profesional es el criterio para elegir la herramienta correcta en el momento correcto, sostenido por un método y por las competencias de la International Coaching Federation.

¿Qué herramienta se usa al inicio de un proceso de coaching?

El rapport, siempre. Sin sintonía no hay confianza, y sin confianza ninguna otra herramienta funciona: el cliente responde lo que cree que debe responder en lugar de lo que realmente piensa. Junto al rapport, en las primeras sesiones suelen entrar las herramientas visuales y las evaluaciones psicométricas, porque el trabajo inicial es explorar dónde está el cliente hoy.

¿Las herramientas de coaching sirven también fuera de una sesión formal?

Sí. Las preguntas poderosas, la escucha consciente y el feedback descriptivo funcionan en una reunión de equipo, en una conversación de desempeño o en casa. No hace falta llamarlo coaching ni anunciar que lo estás haciendo. La diferencia entre usarlas sueltas y usarlas en un proceso es que el proceso las ordena hacia un objetivo acordado y les da seguimiento en el tiempo.

Foto del autor de la publicación: Roberto Bernal, MCC

Sobre el autor

Roberto Bernal es un coach ejecutivo con credencial Master Certified Coach (MCC) de la International Coaching Federation (ICF), el nivel más alto de la profesión, con experiencia desde 2001, especialista en coaching para el desarrollo del liderazgo. Es autor de tres libros publicados en Amazon.