Los dos tipos de actitudes: ¿reaccionas o regulas?

Los dos tipos de actitudes: ¿reaccionas o regulas?

Hay dos tipos de actitudes, y la diferencia entre ellas no está en si eres optimista o pesimista: está en si tu estado de ánimo lo decide el ambiente o lo decides tú.

La forma más rápida de verlo es con dos aparatos que cuelgan de la pared. Un termómetro lee la temperatura y la reporta. Un termostato lee la temperatura y la cambia. Los dos miden lo mismo; solo uno hace algo con la medición.

Esa es la diferencia entre los dos tipos de actitudes que vas a encontrar en cualquier oficina y en cualquier casa. Y aquí viene lo que casi nadie dice: la actitud del termostato no se trata de sentirte mejor. Se trata de lo que le pasa a la gente que está a tu alrededor cuando entras al cuarto.

TIPOS DE ACTITUDES — uno lee la temperatura del ambiente, el otro la cambia

Qué es la actitud, y por qué solo hay dos tipos que importan

La palabra actitud viene del latín actitudo, que deriva de actio: acción, comportamiento. La etimología ya trae la pista de que no estamos hablando de un sentimiento sino de una disposición que se traduce en actos.

En términos prácticos, tu actitud es la disposición mental y emocional con la que te paras frente a lo que te pasa. Es expresión de tus creencias, de tus valores y de tu forma de leer el mundo, y organiza tu manera de responder antes de que llegues a pensar la respuesta.

La psicología social clasifica las actitudes de muchas maneras. Para efectos de lo que puedes hacer mañana por la mañana, hay solo dos tipos de actitudes que importan: la que reacciona a la temperatura y la que la regula.

El termómetro: tu día lo decide lo que te pasa

Un termómetro es honesto y es preciso. Lee la temperatura del ambiente y se queda ahí, fiel a esa lectura, hasta que el ambiente cambie.

La actitud de termómetro funciona igual. Si la reunión empezó tensa, sales tenso. Si el tráfico estuvo imposible, entras a la casa con el tráfico puesto. Si el cliente contestó de mal modo, el mal modo se te queda pegado el resto de la tarde.

No es una actitud negativa. Es una actitud subordinada: tu estado de ánimo queda tercerizado a las circunstancias, y quien decide cómo va a estar tu día es cualquiera menos tú.

El termostato: tú fijas la temperatura del cuarto

Un termostato hace las dos cosas. Lee la temperatura y, si no es la que corresponde, la ajusta hasta que lo sea.

La actitud de termostato no consiste en ignorar lo que pasa —eso sería un termómetro roto, no un termostato—. Consiste en leer la temperatura del ambiente con la misma precisión, y después decidir cuál va a ser la temperatura de salida.

Es la diferencia entre entrar a una reunión tensa y salir tenso, o entrar a una reunión tensa y que la reunión salga distinta.

“Si no te gusta algo, cámbialo. Si no lo puedes cambiar, cambia tu actitud.”

Maya Angelou

Comparativa: actitud de termómetro frente a actitud de termostato, los dos tipos de actitudes

Lo que casi nadie nota: el termostato no regula su propia temperatura

Aquí está el punto que se pierde cuando esta metáfora se cuenta rápido, y es el punto entero.

Un termostato no se regula a sí mismo. Regula el cuarto. Ese es su trabajo: no sentirse mejor, sino cambiar la temperatura del espacio donde está la demás gente.

Esa distinción tiene una consecuencia incómoda. Significa que tu actitud no es un asunto privado. Es lo primero que las personas a tu cargo, tus hijos o tu pareja leen cuando entras, y a partir de esa lectura calibran la suya. Las actitudes se contagian en la dirección de quien regula, no de quien reacciona.

Y significa también que “yo estoy bien, es el ambiente el que está mal” no es una posición neutral. En un cuarto donde nadie regula, la temperatura la fija el que peor esté.

Esto es distinto de hacerte responsable de tu vida, que es un trabajo hacia adentro y del que hablamos aparte en poder personal: cómo dejar de ser víctima. Ese trabajo responde a la pregunta de quién manda en tu vida. El de la actitud responde a otra: qué le pasa al cuarto cuando tú entras.

Ejemplos de actitudes: qué hace cada tipo con la misma situación

La misma circunstancia, tratada por los dos tipos de actitudes, produce dos días distintos.

Llueve el día del paseo. El termómetro cancela el ánimo junto con el paseo. El termostato cambia el plan y el paseo pasa a ser otra cosa.

Un compañero contesta cortante en la reunión. El termómetro registra el corte y responde a la misma temperatura. El termostato registra el corte, entiende que ese tono probablemente no era para él, y contesta a la temperatura que quiere que tenga la reunión.

Robert Fisher, en El caballero de la armadura oxidada, usa a los animales como ejemplo de esta segunda actitud. Nunca vas a escuchar a un conejo decir que espera que salga el sol para poder ir al lago; si el sol no sale, el día del conejo no se arruina. Toma lo que hay y hace algo con eso.

Vale la aclaración: no se trata de negar lo que sientes ni de sonreír encima de un mal día. Un termostato que ignora la lectura no está regulando nada. La lectura honesta es el primer paso; lo que cambia es lo que haces después de leerla.

Para qué sirven las actitudes (las funciones que las sostienen)

Las actitudes no son adornos del carácter: cumplen funciones concretas, estudiadas por la psicología social. Conocerlas ayuda a entender por qué cuesta tanto cambiar una.

Te ahorran pensar

Organizan y simplifican un mundo demasiado complejo. Clasificar algo rápidamente como bueno o malo te permite decidir sin analizar cada situación desde cero.

Te expresan ante los demás

Comunican quién eres y en qué crees. Buena parte de lo que la gente sabe de ti lo dedujo de tus actitudes, no de tus declaraciones.

Te protegen

Algunas actitudes existen para defender tu autoestima de algo que dolería mirar de frente. Son las más difíciles de cambiar, porque están sosteniendo algo.

Te dan identidad y dirección

Definen a qué grupo perteneces, qué valoras y hacia dónde te mueves. Una actitud sostenida en el tiempo termina siendo una descripción de quién eres.

Esta última función es la que explica por qué cambiar de termómetro a termostato no se resuelve con fuerza de voluntad un lunes por la mañana: no estás cambiando una reacción, estás cambiando algo que ya venía haciendo un trabajo por ti.

Los dos tipos de actitudes en coaching: el coach termómetro y el coach termostato

«Las actitudes son contagiosas. ¿Merece la pena contagiarse de la tuya?» — Dennis Mannering

Si esta distinción sirve para cualquier persona, en la silla del coach se vuelve la diferencia entre una sesión que funciona y una que no.

El coach termómetro entra a la sesión y adopta la temperatura del cliente. Si el cliente llega desesperanzado, la sesión se pone desesperanzada. Si llega acelerado, la conversación se acelera con él. Empatiza tanto que se funde con el estado del otro, y en ese punto deja de servir: ya no hay nadie afuera del problema.

El coach termostato lee la temperatura del cliente con la misma precisión —esa lectura es obligatoria, no opcional— y después sostiene deliberadamente otra. No porque el estado del cliente sea inválido, sino porque su trabajo es ofrecer un espacio con una temperatura distinta a la que el cliente ya tiene disponible en el resto de su vida.

Eso es lo que un cliente compra sin saber nombrarlo: no consejos, sino un lugar donde la temperatura no la fija su problema.

Sostener esa temperatura descansa en seis actitudes que se entrenan: empatía para leer sin fundirse, escucha activa para oír lo que no se dijo, ausencia de juicio para que el cliente pueda traer lo que le da vergüenza, motivación para sostener cuando el cliente se suelta, flexibilidad para cambiar de ruta sin perder el destino, y ética y confidencialidad para que todo lo anterior sea seguro.

En coaching de vida trabajamos justamente esto: no cambiarte las circunstancias, sino cambiarte el lugar desde el cual las respondes. Y en el camino, tu manera de estar deja de depender de lo que te pasa, que es la misma distinción que trabajamos cuando hablamos de cómo ser feliz hoy sin esperar a que las condiciones estén dadas.

Cómo pasar de termómetro a termostato

Tres movimientos para pasar de termómetro a termostato: nota la lectura, fija la temperatura de salida y revisa el cuarto

No hay un truco, pero sí hay una secuencia que funciona.

Primero, nota la lectura. La mayoría de las reacciones de termómetro son automáticas justamente porque nunca se hicieron conscientes. Nombrar en voz baja “esta reunión me está poniendo tenso” ya rompe el automatismo: pusiste un observador donde antes solo había un termómetro.

Segundo, decide la temperatura de salida antes de entrar. No después. Antes de la reunión difícil, antes de llegar a tu casa, antes de la llamada: define con qué disposición vas a entrar, igual que fijarías un número en el termostato de la pared.

Tercero, revisa el cuarto, no tu ánimo. La pregunta de cierre del termostato no es “¿cómo me sentí?”, sino “¿cómo quedó la temperatura?”. Si la gente salió de la conversación mejor de como entró, funcionó. Ese es el indicador.

La temperatura emocional propia tiene además su propia mecánica, que desarrollamos en cómo gestionar las emociones: saber qué está pasando adentro es lo que hace posible decidir qué va a salir.


Preguntas frecuentes

¿Cuáles son los dos tipos de actitudes?

Los dos tipos de actitudes son la reactiva y la reguladora, representadas por el termómetro y el termostato. La actitud de termómetro adopta la temperatura emocional del ambiente y la reporta; la actitud de termostato lee esa misma temperatura y decide cuál va a ser la de salida, afectando al ambiente en lugar de ser afectada por él.

¿Es lo mismo un termómetro que un termostato?

No. Los dos miden la temperatura, pero solo el termostato actúa sobre ella. El termómetro reporta el dato y se queda ahí; el termostato usa el dato para activar un cambio hasta que el ambiente llegue a la temperatura fijada. Esa es exactamente la diferencia entre las dos actitudes.

¿Qué es la actitud, en pocas palabras?

Es la disposición mental y emocional con la que respondes a lo que te ocurre. Viene del latín actitudo, de actio (acción), y no es un sentimiento pasajero sino una predisposición aprendida que organiza tu forma de actuar y que los demás leen antes de que hables.

¿Se puede cambiar de actitud, o uno ya nació así?

Se puede, porque la actitud es aprendida, no heredada. Lo que la hace difícil de cambiar no es la genética sino que cumple funciones —te ahorra pensar, te protege, te define— y cambiarla implica dejar sin trabajo a algo que venía funcionando. Por eso el cambio sostenido suele necesitar acompañamiento, no solo intención.

¿Tener actitud positiva es lo mismo que ser termostato?

No necesariamente. Una actitud positiva que ignora la lectura del ambiente es un termómetro descompuesto: no está regulando, está negando. El termostato lee la realidad con precisión, incluso cuando es incómoda, y recién entonces decide qué temperatura va a sostener. La diferencia está en si la lectura fue honesta.

¿Qué tipo de actitud debe tener un coach?

La de termostato, y de forma deliberada. Un coach que adopta el estado emocional de su cliente pierde el lugar desde el cual puede ayudarlo. Su trabajo es leer con precisión ese estado y sostener otra temperatura, apoyado en seis actitudes entrenables: empatía, escucha activa, ausencia de juicio, motivación, flexibilidad y ética.

Si quieres el método completo para sostener esa decisión más allá de un buen día, lo desarrollo en Taxi para el éxito: tú eliges el destino, y también la temperatura con la que haces el viaje.

Foto del autor de la publicación: Roberto Bernal, MCC

Sobre el autor

Roberto Bernal es un coach ejecutivo con credencial Master Certified Coach (MCC) de la International Coaching Federation (ICF), el nivel más alto de la profesión, con experiencia desde 2001, especialista en coaching para el desarrollo del liderazgo. Es autor de tres libros publicados en Amazon.