Actitud de servicio: en qué se nota, exactamente, que un equipo la tiene

Actitud de servicio: en qué se nota, exactamente, que un equipo la tiene

La actitud de servicio es lo primero que se nombra cuando la atención al cliente falla, y también lo primero que se pide sin decir qué se está pidiendo. «Necesitamos mejor actitud» es una frase que todo el mundo entiende y que nadie sabe ejecutar.

El problema es que la actitud se trata como un rasgo de carácter: se tiene o no se tiene, se contrata o se aguanta. Y eso lleva a la única salida posible, que es pedir sonrisas.

Este artículo hace lo contrario: convierte la actitud de servicio en conducta observable. Porque una conducta se puede describir, se puede practicar y se puede corregir. Una disposición de ánimo, no.

CONDUCTAS NO SONRISAS: en qué se nota, exactamente, que un equipo tiene actitud de servicio

Por qué «hay que tener mejor actitud» no funciona como instrucción

Una instrucción sirve cuando quien la recibe sabe qué hacer distinto mañana. «Mejor actitud» no pasa esa prueba. Deja a la persona adivinando, y lo que suele adivinar es que le están pidiendo sonreír más y responder más rápido.

Después viene el segundo problema: la mayoría de los equipos de atención ya tiene buena actitud. Lo que no tiene es un lenguaje común sobre qué se ve cuando esa actitud está presente. Sin ese lenguaje, cada persona atiende según su criterio, y el cliente recibe una experiencia distinta según quién le tocó.

Por eso la pregunta útil no es cómo mejorar la actitud. Es en qué se nota.

Qué es la actitud de servicio, y qué no es

Actitud frente a aptitud: qué es cada una y qué pasa cuando falta la otra en el servicio

La actitud de servicio es la disposición a ocuparse del problema de otra persona como si fuera propio, sostenida cuando nadie está mirando y cuando la persona de enfrente no lo está poniendo fácil.

Esa última parte es la que importa. Con un cliente amable, cualquiera tiene actitud de servicio. La actitud se mide justamente donde cuesta.

Actitud no es aptitud, y confundirlas sale caro

Son dos cosas distintas y las dos hacen falta.

  • La aptitud es lo que la persona sabe y puede hacer: conoce el producto, maneja el sistema, tiene autoridad para resolver.
  • La actitud es la disposición con que lo hace.

Cuando hay actitud sin aptitud, el cliente encuentra gente encantadora que no le resuelve nada, y eso enoja más que la indiferencia, porque le hace perder tiempo con cortesía. Cuando hay aptitud sin actitud, el cliente encuentra eficiencia fría: le resuelven y no vuelve.

Un programa que solo trabaja actitud produce lo primero. Uno que solo trabaja procedimiento produce lo segundo.

El reencuadre: quien atiende dejó de ser el último eslabón

Durante décadas se enseñó que la atención al cliente era el final de la cadena: alguien vende, alguien produce, alguien despacha, y al final alguien atiende lo que quedó mal.

Ese orden ya no describe la realidad, y sostenerlo tiene una consecuencia práctica: si la persona que atiende se cree el último eslabón, actúa como tal. Recibe, informa, escala y espera instrucciones.

Quien está frente al cliente no es el último eslabón: es quien decide si hay una segunda compra. No influye en la decisión de recompra, la determina, porque es la única parte de la empresa con la que el cliente habla.

«El cliente no conoce tu operación. Conoce a la persona que le contestó. Y para quien llama, esa persona es la empresa entera.»

Roberto Bernal, MCC

Ese reencuadre no es motivacional. Cambia lo que la persona hace: quien se sabe determinante del resultado pregunta más, verifica más, y persigue una respuesta en lugar de esperarla.

La primera práctica esencial: mantener una actitud de excelencia

Aquí es donde la actitud deja de ser una virtud y se vuelve algo que se puede observar, entrenar y corregir.

El programa se resume en seis prácticas esenciales de servicio, y esta es la primera. Cada participante se las lleva impresas en una tarjeta de referencia que queda en el puesto de trabajo.

Así se ve esta práctica en el trabajo real, con tres ejemplos:

1 · Habla bien de tu organización

Es la única que mira hacia adentro, y por eso sorprende que encabece la lista.

El cliente escucha cómo hablas de tu propia empresa. Quien dice «es que en bodega nunca avisan» cree que se distancia del problema para caerle bien. Lo que produce es lo contrario: le confirma que la empresa entera es poco confiable, y le da un motivo para buscar otra.

Quejarse hacia arriba resuelve. Quejarse hacia el cliente cobra.

2 · Responde rápido y de buen ánimo a todos los clientes

La palabra que hace el trabajo es todos. Es fácil responder bien al cliente grande, al conocido, al que llega temprano. La conducta se cumple cuando el trato no depende de quién es ni de qué hora es.

Y no se trata de fingir entusiasmo, que se detecta y molesta. Se trata de que la disposición se oiga: por teléfono y por escrito, la neutralidad no se percibe como neutralidad, se percibe como desgano.

3 · Reordena tu trabajo cuando aparece una necesidad del cliente

Es la más exigente de las tres y la que revela si el problema es de actitud o de otra cosa.

Reordenar supone tener autoridad para hacerlo. Si quien atiende no puede mover nada de su lista sin pedir permiso, no va a cumplir esta práctica por mucha voluntad que tenga, y llamarle mala actitud es un diagnóstico equivocado.

Cuando la autoridad existe, se ve así: lo urgente del cliente entra, y lo propio se recoloca, en lugar de que al cliente se le diga que espere su turno en una fila que no ve.

Y lo que atraviesa el programa entero

Hay una cuarta que no está en la tarjeta pero recorre los seis módulos: entender tu propio estilo de comportamiento y el de tu cliente. Saber qué haces bajo presión antes de que la presión llegue, y leer cómo pide, decide y reclama la persona que tienes enfrente. Está desarrollado en servicio al cliente con DiSC.

Lo que se va por indiferencia

Frente al 68% que se va por indiferencia percibida, el producto pesa 14% y el precio 9% «El cliente no conoce tu operación. Conoce a la persona que le contestó.» Roberto Bernal

Hay una cifra que conviene tener a mano, y conviene usarla con precisión. Del total de clientes que dejan de comprar, cerca del 68% lo hace por indiferencia percibida: no porque algo saliera mal, sino porque sintieron que no importaban. Frente a eso, el precio pesa 9% y la insatisfacción con el producto 14%.

Las cifras las publicó John Gattorna en 2008, el trabajo primario no está archivado públicamente, y aun con esa salvedad la proporción es la que importa: la mayoría de las cuentas no se pierden en una discusión, se pierden en silencio.

Un cliente que se queja te está dando una oportunidad. El que se va por indiferencia no avisa.

La actitud no se ordena, se pone por escrito

Las tres preguntas que responde una filosofía de servicio escrita

Aquí está el paso que casi ninguna empresa da, y es el que convierte todo lo anterior en algo que sobrevive a la rotación de personal.

La actitud de servicio de una empresa existe de verdad cuando está escrita, con las palabras del equipo, y no con las del folleto. No es un mural con valores. Es un documento corto que responde tres cosas:

  • Qué significa atender bien en esta empresa, en concreto y con ejemplos.
  • Qué está autorizada a hacer la persona que atiende, sin pedir permiso.
  • Qué no se hace nunca, aunque el cliente lo pida.

Ese documento es el que permite que alguien nuevo entienda en su primera semana cómo se atiende aquí. Sin él, cada persona improvisa su propio estándar, y la empresa descubre cuál era solo cuando un cliente se queja.

Se construye con el equipo, no para el equipo. Lo que sale de su propia boca lo ejecutan; lo que se les entrega escrito, lo archivan.

Si quieres trabajar esto con tu equipo y salir con la filosofía de servicio puesta por escrito, escríbeme por WhatsApp. Es el módulo 1 del curso de atención al cliente que dicto para equipos completos.


Preguntas frecuentes

¿Se puede enseñar la actitud de servicio o se contrata?

Se enseña, con una condición: hay que traducirla a conductas observables antes de intentar enseñarla. Nadie aprende «mejor disposición». Todo el mundo puede aprender a confirmar que un caso llegó a otra área, o a avisar antes de que venza un plazo. La suma de esas conductas es lo que el cliente percibe como actitud.

¿Cuál es la diferencia entre actitud de servicio y vocación de servicio?

La vocación es una inclinación personal, y es cierto que algunas personas la traen. La actitud de servicio es lo que se hace, la traiga o no. Una empresa no puede depender de contratar solo gente con vocación: necesita que el estándar se sostenga con el equipo que tiene.

¿Cómo se mide la actitud de servicio de un equipo?

Por conducta observable, no por encuesta de clima. Sirve revisar casos reales y preguntar si ocurrieron las siete conductas: se ocupó de lo que no le correspondía, preguntó antes de resolver, avisó de lo que no le habían preguntado, cumplió el plazo que dio. Eso se ve en las grabaciones y en los tickets, y no depende de que alguien se sienta motivado.

¿Qué hago si el problema no es actitud sino falta de autoridad para resolver?

Es el diagnóstico más frecuente y el más incómodo. Un equipo sin autoridad para resolver desarrolla lo que parece mala actitud, porque tiene que decir que no todo el día. Ahí la formación sola no alcanza: hay que definir qué puede resolver cada quien sin pedir permiso, y ponerlo por escrito junto con el resto del estándar.

Foto del autor de la publicación: Roberto Bernal, MCC

Sobre el autor

Roberto Bernal es un coach ejecutivo con credencial Master Certified Coach (MCC) de la International Coaching Federation (ICF), el nivel más alto de la profesión, con experiencia desde 2001, especialista en coaching para el desarrollo del liderazgo. Es autor de tres libros publicados en Amazon.